Estrategias dominantes: aprende a usar las ventajas que te da la vida
Descubre cómo la teoría de juegos transforma interacciones en oportunidades: información, reputación y azar estratégico a tu favor.
Ahora mismo estás tomando una decisión: seguir leyendo o irte. Y yo estoy decidiendo qué escribir para que te quedes. Bienvenido a la teoría de juegos. La has jugado toda tu vida. Cada conversación, negociación o relación es un juego con reglas, jugadores y jugadas ganadoras. ¿Recuerdas el chat de amigos para decidir dónde comer? Veinte minutos de “me da igual, tú elige” cuando todos tenían preferencias. Eso es teoría de juegos pura. ¿Ese colega que siempre consigue mejores ofertas? No es suerte: entiende el juego mientras tú lo juegas con los ojos vendados.
La verdad: la vida no es un juego de una sola persona, es multijugador. Cada movimiento tuyo afecta a otros, y sus movimientos te afectan a ti. Mucha gente cree que juega en solitario y se pregunta por qué pierde. En los próximos minutos vas a ver los “cheat codes”: principios estratégicos que gobiernan desde cosas tan sencillas como las citas hasta los negocios. Verás la matriz del comportamiento humano y, por fin, entenderás cómo juegar si quieres ganar.
La realidad multijugador (no juegues damas en una partida de ajedrez)
No has tomado una sola decisión hoy que no involucre a otros jugadores. La hora de tu alarma la definieron expectativas de terceros; tu pinta (tu ropa) la elegiste pensando en quién te verá; esa historia de Instagram la publicaste para espectadores concretos. Estamos en un gigantesco juego multijugador. Como Twister, pero aquí la alfombra es la sociedad y todos giran la ruleta a la vez.
El tráfico lo demuestra: cuando todos toman “la ruta más rápida”, esta se vuelve la más lenta. Waze te manda por barrios raros porque está jugando ajedrez, calculando el sistema, mientras tú sigues el movimiento obvio de damas. Incluso el scroll en redes es multijugador: cada pausa y cada like entrenan una IA que moldea lo que millones verán mañana. Programas la matriz mientras te quejas de la matriz. Y el ánimo también es multijugador: el mal día de una persona contagia oficinas enteras. Emitimos y recibimos señales todo el tiempo.
Ni siquiera importa si quieres jugar; ya lo estás haciendo. La pregunta es si lo haces bien. Para descubrirlo, primero hagamos un ejercicio que te permita ver el campo de juego completo: lista tres decisiones recientes que parecían personales (por ejemplo, “acepté una reunión a las 7AM”) y anota qué “jugadores invisibles” influyeron en esa decisión (jefe, algoritmo, pareja, normas del equipo). Sólo con definir esto, el campo de juego se empieza a volver nítido.
El equilibrio de Nash de la vida diaria (cuando todos terminan de pie y con los pies cansados)
Una pareja que se queja pero no termina. Un trabajo que todos odian pero nadie renuncia. Un concierto en el que uno se levanta para ver mejor y obliga a todos a ponerse de pie; al final, nadie ve mejor y todos están incómodos. Esa es la lógica del equilibrio de Nash: cada quien hace su mejor respuesta a lo que hacen los demás… y el sistema se atasca, aunque el resultado no sea óptimo.
Instagram es un ejemplo del Equilibrio de Nash: muchos seríamos más felices con menos redes, pero salirte te deja fuera de la conversación, así que sigues. Los equipos lo viven de forma parecida cuando se quedan esperando a que el trabajo “lo empiece alguien más”. El resultado: procrastinación coordinada y entregas mediocres.
¿Cómo romper ese ciclo?
Declara una preferencia concreta. Ese amigo que siempre elige restaurante rompió el equilibrio del “me da igual” cuidando la elección. Sé esa persona: reduce la fricción del grupo.
Introduce un incentivo o una sanción suave. Rotación de roles (“esta semana yo preparo el brief, la próxima tú”) o costos compartidos (“si nadie agenda, la reunión no ocurre y perdemos el slot con el cliente”).
Cambia la métrica. Pasar de “quién tiene la razón” a “qué nos hace avanzar” mueve estrategias.
Aquí la invitación: identifica un atasco en tu equipo o relación. Establece una regla mínima (por ejemplo: “si nadie propone agenda 24h antes, se cancela”). Te sorprenderá la energía que libera.
El dilema del prisionero está en tu cocina (y en el planeta entero)
Dos sospechosos son interrogados por separado: si ambos guardan silencio, la pena es leve; si uno acusa y el otro calla, el que delata sale libre y el callado paga; si ambos delatan, ambos pierden. Resultado típico: ambos se traicionan por miedo, aunque cooperar sería mejor. Este es el dilema del prisionero y está en todas partes:
Los platos sucios con quien vives: si uno cede, queda de “lavaplatos oficial”; si ninguno cede, la cocina colapsa.
Crisis climática: todos quieren que otros reduzcan sus emisiones; reducir las tuyas cuesta, Nadie cede y no solucionamos nada.
Apps de citas: vulnerarte genera conexión, pero expone al rechazo; entonces todos juegan a ser cool y nadie conecta, o concetamos con mentiras.
La salida: convertir juegos de una sola vez en juegos en juegos repetibles. Cuando hay más interacciones y habrán consecuencias futuras, cooperar se vuelve racional. Por eso los pueblos chicos tienen menos crimen: no puedes traicionar a quien volverás a ver.
Cómo extender el juego:
Relaciones > transacciones: crea cadencias (retros semanales, check-ins breves) Prioriza relaciones a largo plazo más que encuentros transaccionales.
Cuenta regresiva pública: tableros compartidos, acuerdos por escrito; la rendición de cuentas vive fuera de la cabeza. Muestra que eres responsable y asumes esas responsabilidades.
Costos de traición: no castigos draconianos, sino reputación y pérdida de futuras oportunidades (“si fallamos este deadline, perdemos el próximo proyecto”). Recuerda que la confianza se demora mucho en construirse, pero puede perderse en un segundo.
Estrategias dominantes: tus cheat codes éticos
Una estrategia dominante es una jugada que funciona bien sin importar lo que hagan los otros. Son pocas, pero poderosas:
Amabilidad genuina (no servilismo): si responden con amabilidad, construyes relación; si no, el entorno ve quién es el problema. Pierdes poco, ganas mucho.
Honestidad funcional (no “sincericidio”): los mentirosos administran universos paralelos y viven estresados. Quien dice la verdad solo tiene que recordar lo que pasó.
Entregar más valor del que capturas: en trabajo y vínculos. Quien sistemáticamente da un poco más se vuelve difícil de reemplazar. La balanza del juego se inclina a tu favor.
Coherencia a largo plazo: promesas cumplidas, expectativas claras. La confianza se compone como interés.
Preparación visible: en una negociación, la parte que trae datos, comparables y estructura marca el ritmo.
La información es tu superpoder (asimetrías que inclinan el campo de juego)
El dinero no es la divisa principal del juego; la información sí. El póker sin cartas ocultas no es póker: sería comparar números como robots. La vida también es asimetría de información.
Entrevistas de trabajo o negociaciones: tú sabes tu capacidad, ellos su presupuesto. Por eso preguntar “¿cuál es el rango para este rol?” o anclar con “mi expectativa está en X por Y razones” cambia el juego.
Citas o salidas sociales: ¿qué tanto interés hay? ¿están viendo a alguien más?
Redes de contactos: la gente filtra información en historias, tiempos de respuesta, lenguaje corporal. Los buenos jugadores leen estas “tells”.
A veces revelar también gana: transparencia salarial empodera a empleados; vulnerabilidad bien calibrada construye confianza.
Tres reglas operativas:
Recoge más de lo que entregas. Pregunta, observa, toma notas.
Verifica todo. La gente se equivoca o miente; cruza fuentes.
Temporiza, mide y cuantifica. El cuándo revelas importa más que el qué.
Jugar el juego largo: la reputación como interés compuesto
Cada interacción es dos juegos a la vez: el inmediato (hoy) y el metajuego (cómo esto afecta todos los juegos futuros). Quien quema puentes puede ganar una vez; pero cierra puertas para después. Quien toma pequeñas pérdidas por confianza, ayuda sin llevar la cuenta y cumple lo que promete, acumula crédito social hasta que el juego se voltea: las oportunidades lo buscan.
No se trata de ser “siempre amable”, sino de ser previsiblemente justo. Firme con límites, generoso con valor, claro con expectativas.
Sistema mínimo de reputación (90 días):
Promesas visibles: registra compromisos en un “tracker de reputación” (Notion/Sheets).
Pequeñas victorias semanales: entrega algo útil cada viernes (una síntesis, un avance, una intro).
Cierre de bucles: cada promesa, cerrada o renegociada (no la dejes pudrirse).
Referencias circulares: pide y da testimonios; tu meta es que tu nombre signifique “confiable y valioso”.
Estrategias mixtas: el arte de la imprevisibilidad calculada
A veces la mejor estrategia es no tener una fija. Piedra-papel-tijera lo prueba: si siempre tiras piedra, estás muerto. El azar protege. El amigo “que sólo está disponible a veces resulta más interesante que el que siempre dice sí; la imprevisibilidad genera valor por escasez. En negociación, si saben tu límite exacto, te ofrecerán exactamente ese límite. Si no, deben ofrecer más para estar seguros.
La naturaleza lo sabe: las gacelas que corren en zig zag de manera aleatoria se salvan; las predecibles son almuerzo de león. En la música podemos ver otro ejemplo: los jazzistas improvisan en momentos precisos. La clave es aleatoriedad estratégica: valores predecibles, tácticas variables.
Magia de la inducción inversa: empezar desde el jaque mate
Los grandes maestros de ajedrez piensan desde el jaque mate hacia atrás: no “¿qué hago ahora?”, sino “¿dónde quiero terminar y qué secuencia me lleva allí?”.
Ejemplo: si quieres una casa en 5 años.
Una mentalidad de “ahorrar cuando se pueda” se denomina forward thinking.
Backward thinking es “necesito X monto ⇒ Y mensual ⇒ Z ingreso ⇒ tales habilidades ⇒ este sistema”.
En relaciones, en vez de “a ver si funciona”, define valores concretos y verifica temprano. En entrevistas, pregúntate “¿qué les haría decir ‘sí’?” y arma tus historias desde ese final. En discusiones, decide si quieres “tener la razón” o resolver; trabaja desde el estado deseado.
Suma cero vs. hacer crecer el pastel
Muchos ven la vida como pizza en fiesta: si tú tomas una porción grande, me dejas menos. Ese pensamiento de suma cero empobrece. Sí, hay juegos de suma cero (deportes, poker, esa vacante única). Pero la mayoría no lo son: enseñar no te quita conocimiento; hacer reír no te quita alegría; ayudar a otros no te resta oportunidades, las multiplica.
Apple no destruyó a Microsoft; ambos crecieron ampliando el mercado. La tragedia es que los que piensan en suma cero crean realidades de suma cero: esconden información, sabotean a colegas y pelean por migajas. Mientras, los de suma positiva amasan pasteles: comparten saberes, conectan personas, levantan la marea.
Pasos hacia la suma positiva:
Diseña intercambios no rivales (plantillas, guías, charlas internas).
Co-crea: armar ofertas con aliados multiplica alcance.
Pide “equity de reputación”: si contribuyes, solicita crédito visible (presentación conjunta, coautoría). Creces tú y crece el pastel.
Cambiar el juego: de Blockbuster a la era del streaming
Los mejores jugadores no solo juegan bien: eligen qué juegos jugar. Si no puedes ganar, cambia las reglas. Netflix no venció a Blockbuster en alquileres; posicionó el streaming y volvió obsoleto el juego anterior. En situaciones como negociaciones o networking, el juego de “a ver quién demuestra menos interés” hace que todos pierdan; cambiarlo por honestidad radical es jugar otro juego mientras otros quedan atrapados en el viejo.
Si la escalera corporativa no es tu estilo, construye un negocio, negocia un rol de impacto o cambia de campo de juego. Si no encajas en un grupo, deja de jugar a su aprobación; busca comunidades que valoren tus fortalezas naturales. Juego nuevo, resultados nuevos.
Kit práctico de estrategias dominantes
Este kit condensa las estrategias dominantes en pasos simples y verificables: nada de jerga, solo acción.
Te ayuda a ver el campo de juego, quitar cuellos de botella y convertir interacciones únicas en relaciones cíclicas que te agregan valor.
Impleméntalo una semana a la vez: marca lo que ya haces, añade un +10% de valor y observa cómo cambian las respuestas.
Ver el campo de juego: jugadores, reglas, incentivos, información.
Romper equilibrios: preferencia explícita + microincentivo + cambio de métrica.
Cheat codes personales: amabilidad genuina, honestidad funcional, +10% de valor, preparación visible.
Extender juegos: cadencias, tableros públicos, costos de traición reputacionales.
Información: recoge, verifica, temporiza.
Juego largo: reputación rastreada, bucles cerrados, referencias activas.
Aleatoriedad estratégica: valores fijos, tácticas variables.
Inducción inversa: define jaque mate, retro-planifica.
Suma positiva: comparte, co-crea, pide crédito visible.
Metajuego: si no puedes ganar, cambia reglas o de tablero.
Diseña tu juego
No eres únicamente un jugador, también eres diseñador de juegos. La vida es un mundo abierto con controles complejos, objetivos difusos y sin vidas extra. Pero ahora tienes la guía. La teoría de juegos no es manipulación; es entender reglas ocultas para jugar conscientemente, crear resultados positivos y diseñar equilibrios mejores. Porque, cuando juegas con estrategias dominantes, la vida empieza a darte las ventajas que ya tenía para ti.

